Lo primero que advertí es que el color marrón rojizo de la tierra se extiende por las piedras las raíces y los troncos de los arboles, ocupando los torsos y los rostros con alguna leve diferencia de tonos.

 

En medio de una humedad sofocante el color verde es casi contaminante, invadiendo cada espacio, recuperando cada centímetro que el color marrón descuida.

Entre el marrón y el verde la guerra no tiene cuartel ni tregua, no hay degradados entre ellos. Apenas aparecen manchas claras en los troncos caídos y en la madera que se pudre de pie en las paredes y cercas.

Finalmente aparece el Color Azul en lo alto, ajeno a esta pugna terrenal. El sol rabioso despeja las nubes de lluvia aportando un cielo despejado, con un azul brillante y nítido. Su presencia es intensa y casi fuera de lugar, pareciera salida de una propaganda de detergentes.

De vez en cuando aparecen fugazmente los colores rojo y amarillo en las flores, aunque los demás colores parece que no tienen la capacidad de sobrevivir por mucho tiempo. La paleta de color en Mitú (Vaupés, Colombia) es marrón, verde y azul.

 

 

 

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